ACTUALIDAD

Política: Camioneros amenaza con parar 72 horas si no hay respuesta al 27% | Información general: Alta demanda en los hospitales de Santa Fe por enfermedades respiratorias | Economía: La inflación de mayo fue del 2,1% (en cinco meses roza el 12%) | Política: Presentarán una denuncia contra Sturzenegger por la corrida bancaria de mayo |

 En vivo

Radio LT9

Obsesiva Santa Fe

Miss Universo vivía en Santa Fe

Sus colegas de la Escuela de Comercio rumoreaban que, la señorita Nenia tenía armada una rutina secreta, rigurosa, para los alumnos del curso final.

— Ricardo Dupuy

LUNES 04 DE JUNIO DE 2018

Una rutina especial, destinada a preparar a sus amados estudiantes de 5to., para la vida adulta. Una “última horneada”, un “detalle final”.

Pero por respeto o fervor, ninguno de los mayores que trabajaban en la Escuela se atrevía a dar detalles. Tampoco los egresados de años anteriores quienes, según se decía, habían pactado silencio.Solo un:“¡Ya se enterarán!” como respuesta y a esperar la última de las clases.   

A pocos días del fin de curso, la Señorita Nenia, profesora de Historia y Geografía Universal, irrumpió en el aula sin carpeta ni copias, solo una bolsita inflada de papel madera, de esas que los panaderos usan para entregar medialunas calientes a sus clientes.

Hizo que cada uno de sus consentidos —tal como nos llamaba—avancemos de vez en vez hacia la pizarra y escribamos, con letra legible y tiza blanca, una palabra que representase, de algún modo, lo vivido en los años de educación secundaria.

Nada brillante, nada ingenioso, solo ideas de mentes adolescentes con más ganas de salir a la vida—muchas más—, que de voltear la mirada hacia los últimos estertores de la niñez.

Ella fingió maravillarse y terminó convenciéndonos que esas palabras en caos vislumbraban que cada uno, a su manera, había sido transformado en su paso por las aulas y, gracias a ello, un futuro promisorio se abría a nuestros pies. Un futuro repleto de logros sociales, profesionales, familiares y hasta económicos.

Sin dejar de sostener con firmeza la bolsita de panadería, nos pidió un último esfuerzo, que definitivamente confirme sus sospechas sobre el venturoso camino que a cada uno nos aguardaba.

Ahora, con la tiza del color que cada uno elija, escriban lo que esperan de la vida, pero no de la vida de niño, sino de la de hombres y mujeres que están a punto de comenzar.

Con la candidez adolescente aun marcando nuestro sentir, tiramos algunas frases; frases relacionadas con la familia, la universidad, los viajes, el dinero y otras tantas por el estilo.

Todas y cada una fueron interpretadas con complacencia materna. Mi querida pitonisa docente.

Cuando volvió la vista hacia la clase, la señorita Nenia ya no era la misma. Había trocado su actitud y en sintonía la mirada, ahora más inquisidora que tierna.

Cambió de manos la bolsita marrón y con un metódico golpe de muñeca, dejó caer un torbellino de migajas amarillas, pesadas, que se desparramaron hasta los rincones más alejados del aula.

¡ARENA!—Largamos a coro, atónitos.

Ella, impávida, se agachó, tomó entre sus uñas barnizadas un grano del material esparcido, lo colocó a centímetros de sus ojos y lo levantó a la clase, cual trofeo, exhibiéndolo a sus acólitos.

Este insignificante granito de arena, es aún más representativo entre el desparramo, que nuestro planeta tierra en el vasto universo que nos envuelve.

Todo lo que ustedes fueron y serán, todo lo que conocen, lo que conocerán y lo que sienten y sentirán; todas las riñas y los amores, los países, los ríos y las montañas, los hombres, las mujeres, los animales que existen y que alguna vez existieron, la vida y la muerte; y todo lo demás que se imaginen, transcurre y siempre transcurrió en este insignificante granito de arena.

Y la vida transcurrió…

Supe que todos, a su manera, valoraron esa última lección de la señorita Nenia; pero a mí, a mí me marcó la vida.

Muchos años después, el universo de los libros puso ante mí un relato curiosamente similar.

En su libro Un punto azul pálido, el astrónomo Carl Sagan relató sus pensamientos en un sentido casi, casi, tan profundo como el de Nenia y, apoyándose en la foto sacada por la sonda espacial Voyager I a seis mil millones de kilómetros de la tierra, comentó:

Desde este lejano punto de vista, la Tierra puede no parecer muy interesante. Pero para nosotros es diferente. Considera de nuevo ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros. Todas las personas que has amado, conocido, de las que alguna vez oíste hablar, todos los seres humanos que han existido, han vivido en él. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de ideologías, doctrinas económicas y religiones seguras de sí mismas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño esperanzado, cada inventor y explorador, cada profesor de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí —en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.

La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Pienso en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto.

Pienso en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de una esquina de este píxel sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina.

Pienso en el hoy, en mi castigado país, en Santa Fe. Nuestras posturas, nuestra importancia imaginaria, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en ese Universo... 

Tal vez, no haya mejor demostración de la locura de la soberbia humana, que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo.

No puedo dejar de pensar en la señorita Nenia, a quien pude acompañar hasta sus últimos días. Hoy, al escribir este relato, sé muy bien quién me lo dicta y desde dónde provienen estos recuerdos. Y más que nunca sé muy bien dónde volveré a encontrarla.

OPINIONES RELACIONADAS


ONDA 9 S.A - 4 de Enero 2153 - (0342) 410 9999 3000 Santa Fe Argentina