Octubre vuelve a poner en agenda la prevención y la detección temprana del cáncer de mama, pero desde la Agencia de Control del Cáncer de Santa Fe remarcan que el trabajo no se concentra solamente en este mes. La estrategia apunta durante todo el año a reducir las barreras que dificultan el acceso a los controles, especialmente en las localidades que no cuentan con mamógrafos.
En diálogo con Amanecer no es poco, Silvina Correa, coordinadora de la zona centro norte de la Agencia de Control del Cáncer, explicó que este año la campaña también salió de los espacios tradicionales de salud. “Quisimos atravesar un poco lo que son las paredes de siempre de los efectores de salud y salimos con una campaña de concientización, de sensibilización”, señaló.
Las actividades incluyen acciones junto a cámaras de gimnasios, gastronomía, bares y hoteles, además de las peatonales San Martín y Aristóbulo del Valle, con el objetivo de multiplicar el mensaje y promover que los controles no sean postergados.
Mamografías: el objetivo es llegar antes
La detección temprana es uno de los principales ejes del trabajo de la Agencia. Correa explicó que el Registro de Cáncer de Santa Fe está cerrando el período 2018-2022, con 9.360 casos registrados en esos cinco años, unos 1.800 por año, considerando los ámbitos público y privado.
En ese escenario, la especialista insistió en que encontrar la enfermedad en una etapa inicial modifica sustancialmente el tratamiento y las posibilidades de recuperación. “Detectarlo en etapas iniciales al cáncer de mama y también todos los otros tumores, la verdad que lo cambia todo”, afirmó.
Correa remarcó además que las posibilidades de curación cuando el cáncer de mama es detectado precozmente “supera el 90%” y puso el foco en la mamografía como herramienta para llegar al diagnóstico en forma temprana. “Hoy lo único que contamos para detectarlo precozmente es la mamografía. La verdad que te lleva 15 minutos”, sostuvo.
Santa Fe cuenta con 33 mamógrafos en el sistema público. En las localidades que no disponen de estos equipos, la provincia organiza traslados para facilitar el acceso. “En el interior de la provincia, las localidades donde no hay mamógrafo, trabajamos con el 107, los minibuses y el equipo de salud y trasladamos una vez por semana mujeres a los mamógrafos”, explicó Correa.
La estrategia busca reducir obstáculos que muchas veces terminan demorando los controles. “La verdad que hoy los colectivos son caros y hay familias que no los pueden afrontar”, planteó.
Desde los 40 años y con controles especiales por antecedentes familiares
Respecto de la edad para comenzar con las mamografías, Correa explicó que la recomendación vigente contempla a las mujeres de 40 a 70 años, con controles anuales o, al menos, cada dos años, según cada situación.
En quienes tienen antecedentes familiares directos de cáncer de mama, el seguimiento debe comenzar antes. “En pacientes que tengan antecedentes familiares de cáncer de mama directo comienza 10 años antes del evento del familiar”, indicó.
Por ejemplo, explicó que si la madre tuvo cáncer de mama a los 45 años, su hija debería realizar una primera mamografía de base a los 35 y continuar luego con los controles que determine su médico.
Correa también pidió prestar atención a modificaciones en las mamas o en las axilas, entre ellas retracción del pezón, durezas, cambios en la piel, enrojecimiento o secreciones y sangrado por el pezón.
La recomendación ante cualquiera de estos signos es no esperar. “El miedo nos aterra y nos quedamos esperando para ver qué iba a pasar. La verdad que no es lo que tenemos que hacer, tenemos que consultar rápidamente”, afirmó.
La especialista aclaró además que el autoexamen no reemplaza la mamografía, pero permite conocer el propio cuerpo y advertir cambios. “Lo que permite es que vos conozcas tus mamas y veas si el mes anterior eso no estaba y hoy está”, explicó.
Frente a un diagnóstico, el abordaje también contempla el acompañamiento emocional y social. Correa destacó el funcionamiento en Santa Fe de una unidad funcional de mama para pacientes de la región centro norte, con un equipo interdisciplinario integrado por psicooncología, trabajo social y enfermería.
“El diagnóstico de un cáncer es un timbronazo no solamente para el paciente sino también para la familia y el entorno”, sostuvo.
En ese sentido, remarcó que el acompañamiento forma parte del tratamiento y permite sostener a las pacientes durante un proceso que muchas veces atraviesa distintas dificultades. “Estos son los equipos que te levantan y que te hacen que vos sigas y lo termines”, concluyó.





















