La segunda vuelta presidencial se desarrolla en un contexto de fuerte desgaste político y social. Durante los últimos años, Perú atravesó una prolongada crisis institucional que derivó en sucesivos cambios de autoridades y una elevada fragmentación del sistema político.
En este escenario, los electores deberán elegir entre dos proyectos con visiones económicas y políticas claramente diferenciadas, mientras las autoridades despliegan operativos especiales para garantizar la participación tanto dentro del país como en el exterior, incluida la comunidad peruana residente en Argentina.
Quiénes son los candidatos que disputan la presidencia
Keiko Fujimori, líder del partido Fuerza Popular, llega al balotaje tras obtener el primer lugar en la primera vuelta con el 17,18% de los votos. La dirigente centra su campaña en propuestas vinculadas a la seguridad, la atracción de inversiones y la recuperación económica.
Sin embargo, su candidatura continúa atravesada por cuestionamientos relacionados con el legado político de su padre, el expresidente Alberto Fujimori, condenado por delitos de corrupción y violaciones a los derechos humanos.
Del otro lado aparece Roberto Sánchez, representante de Juntos por el Perú, quien logró avanzar a la segunda vuelta con el 12,03% de los sufragios en una elección que contó con más de 30 candidatos.
Su propuesta política recoge parte de las demandas impulsadas por sectores afines al expresidente Pedro Castillo y encuentra mayor respaldo en regiones rurales y en el sur peruano. Entre sus principales planteos figura la revisión de acuerdos con empresas extranjeras vinculadas a sectores estratégicos de la economía.
Qué dicen las encuestas antes de la votación
Los sondeos previos mostraron un escenario abierto y de marcada paridad entre ambos postulantes.
Según una encuesta de Ipsos Perú, Fujimori llegaba a la jornada electoral con una intención de voto del 38%, mientras que Sánchez reunía el 35% de las preferencias.
Uno de los datos más relevantes del estudio es el elevado nivel de indecisos, que alcanzaba el 27%, reflejando tanto la incertidumbre sobre el resultado como el descontento de una parte importante de la ciudadanía con la dirigencia política.
Una elección con impacto institucional
Más allá de quién resulte ganador, la elección es observada como una oportunidad para iniciar una nueva etapa política en Perú.
La futura administración tendrá el desafío de recuperar la confianza ciudadana, fortalecer las instituciones democráticas y generar consensos que permitan reducir la inestabilidad que caracterizó gran parte de la vida política peruana durante los últimos años.





















